Hasta el fin de los tiempos – Relato

Tardé treinta años en descubrirte a través del mapa de la casualidad o quién sabe si fue algo causal. Allí estabas tú, tan resplandeciente como siempre, con tu sonrisa que desde el primer instante capturó mi alma entregándosela como ofrenda como si de un pacto se tratase, un pacto en donde dos almas deciden unirse y pasar el resto de sus vidas juntos en una completa simbiosis pero sin necesidad de ser dependientes entre sí, sino más bien cooperando entre sí.

Hubo fraternidad, amor, discusiones, alegrías y tristezas por todos estos largos años, tantas emociones que serían imposibles de comprimir en un libro, habría tanto que explicar. Recuerdo el exceso de comunicación que teníamos y ya a los años nos conocíamos tanto que el hablar era un lujo y los gestos y el cariño eran las bondades recibidas por años de asimilar y comprender al otro.

Yo no era una persona precisamente empática, solía ser frío y distante por todas las situaciones a las que me había llevado la vida, mucho caos y no pensaba precisamente en el futuro. Tú me enseñaste que de nada sirve discutir para ayudar a una persona, solo hace falta comprensión y meterte un poco en los zapatos del otro: ¿Qué siente? ¿Por qué se comporta así? ¿Qué pudo haberle pasado? Pero la mayoría de nosotros no entiende eso y piensan que las personas reaccionan mal solo por el hecho de querer hacerlo, cosa que puede llegar a suceder pero no siempre es así. No sabemos cómo le fue a alguien en el trabajo, si tuvo un problema familiar, si está enfermo, si un familiar se le murió y un sinfín de cosas que le pueden pasar a una persona.

Todos aquellos golpes tenemos que afrontarlos con temple y con sabiduría, sin histrionismo, nada de dramas, con fuerza. Y el gran problema de todos es la muerte claro está, aquel problema que pensamos que no nos tocará jamás cuando estamos jóvenes pero que al envejecer lo vamos aceptando cada día más. Sim embargo, frecuentemente la muerte nos visita repentinamente o de formas poco usuales, quizás a mí me rozó con su larga túnica y ando aquí luchando por unos días más de vida en una camilla, pero ya estoy cansado.

Luche durante toda mi vida como un vikingo soñando llegar al Valhalla, esa era uno de mis ideales, luchar para conseguir lo que se desea, luchar por amor, luchar por odio, luchar por poder, pero como muchos saben, esa no es toda la vida, el exceso de pasión por las cosas hacen que se esfumen tal como vinieron. Nunca entendí porque todo tiene que ser tan equilibrado, si mueves un poco la balanza ya hay una tormenta como un efecto mariposa, porque uno debe actuar tan comedido y a pesar de que sabía que el exceso de pasión no era del todo bien recibido por los cánones de la vida, decidí vivir mi vida como me dio la gana, desafiando a la vida y a ese supuesto destino del que muchos hablan porque vaya que abuse de mi suerte.

Claro, conozco el día en que más he tenido suerte, aquel quince de junio empecé a ser el hombre más afortunado del mundo y en ese mismo mundo en donde los valores y los sentimientos son relegados a un segundo y hasta tercer plano, estábamos nosotros consumidos por un anacronismo sentimental, viviendo como salidos del medioevo o por lo menos la parte bonita de la época.

¡Que buenos años hemos pasado! Cuantas risas he visto en tu semblante, cuantos besos apasionados hemos tenido, cuantas locuras hemos inventado, cuantos viajes, cuantas dichas, cuantas veces nos hemos burlado del otro o en nuestra misma presencia, de nosotros mismos, ¿Cuántas? Medir este tipo de cosas es imposible, las matemáticas pierden el sentido por completo en el terreno de las emociones ya que son irracionales pero vaya que nos hacen felices.

Como bien sabrás ya estoy viejo y con poco tiempo de vida, quería dejar una micro constancia y profesar en papel por última vez el amor que siento por ti, ese amor inefable que nunca se nos agotó, que bramó constantemente, que fuimos soberbios y apasionados, que nuestra afinidad nunca llegó a su fin y que todo era tan inverosímil que nos daba miedo, porque algo como los que nos estaba pasando no podía ser real. Luego de aceptar su verosimilitud, aceptamos nuestra vida juntos y decidimos empezar, luchando juntos.

No puedo evitar que una lagrima se resbale por mi mejilla al pensar en todas estos gratos recuerdos que conservo a pesar de mi mala memoria pero algo si tenía bueno y es que era muy selectiva, cuando había una emoción muy fuerte, ella reaccionaba y a veces solo recordaba la emoción más no la situación o el evento, claro eso ya lo sabes tú, tu sí que tienes una memoria prodigiosa, espero que se encuentre en ese estado mucho tiempo más.

Para cuando leas esto ya habrá venido una enfermera con la inyección de la que tanto discutimos, entendí que no fuiste capaz, me moleste porque no entendí como podías ser tan cruel al no dejarme morir pero luego me puse en tus zapatos y comprendí que tenías razón, yo jamás podría haberte matado ni siquiera para que no siguieses sufriendo. Es algo innato en nuestro ser que rechaza hacerles daño a las personas que amamos. No, no podría haberlo hecho.

Te amé y te amo hasta el último suspiro que tenga de vida y si hay otra el sentimiento seguirá latente y creciendo como siempre ha sido, hasta el fin de los tiempos.

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Celdas digitales – Relato – Ciencia ficción

Mi consciencia se activa y se percata que estoy otra vez en el cubo, un espacio de tres metros cuadrados destinado a mi esclavización digital. Otro día viendo como fluyen los datos en mi cabeza y debo ordenar el código que a la vez me mantiene vivo pero sin poder recordar lo que ha pasado el día anterior.

El cubo es frío y hostil a mi psique, la cual también se ve afectada por el constante fluir de datos inexorable ¿Qué otra cosa puedo hacer sino trabajar 16 horas al día para mantener viva a la súper inteligencia que se alimenta de nuestras mentes? ¿Cómo podría escapar de ella?

Mi vida no tiene sentido en este lugar, pero no recuerdo haber tenido una con sentido tampoco y por eso es la desidia y opresión que tengo al despertar todos los días. Mi vida consta de trabajar, acumular datos y dormir. No recuerdo tener la necesidad fisiológica de ir al baño pese a saber de su existencia, como un enfermo de Alzheimer al reconocer personas pero no sus nombres, allí están inertes pero sin vida para uno.

Si tan solo hubiese una oportunidad para escapar de esta esclavitud, solo por un día, solo 24 horas sin estar en este tormento, estoy harto de clasificar, ordenar y mover datos, pero no tengo alternativa, me tienen vigilado, conocen cada uno de mis pasos, no puedo alterar el sistema. Mi único divertimento es cuando hay un tiempo libre para que nuestras mentes se refresquen y puedan trabajar con la mayor asertividad posible, de lo contrario debido al estrés acumulado, empezamos a cometer error tras error.

A veces me pregunto cómo la estarán pasando las demás personas que están en los demás cubos, ¿Tendrán las mismas dudas existenciales que yo? ¿Querrán salir y tener una vida plena sin estas ataduras digitales o muy por el contrario estarán tan absorbidos por el sistema que ya ni tendrán consciencia de sí mismos, como meras máquinas de trabajo pesado? Tampoco recuerdo el momento en que llegamos a esto, solo tengo un nombre que da vueltas a mi cabeza, Soliptium, Soliptium, Soliptium, ¿Acaso tendrá que ver con ideas filosóficas o será una persona o un lugar?

En mi momento de descanso, escucho música nada relajante, así como cuando estamos tristes y colocamos música aún más triste. Me encierro en mi mundo de agresividad y empiezo a escuchar esa música atronadora, producto de un software especialmente diseñado para desarrollar tales agresiones auditivas. Seguidamente estoy enérgico, pero a veces tengo ideas, pese a la escasez de melodías e inspiración, tengo ideas.

Uno de los vigilantes abre la puerta del cubo en donde estoy sentado conectado a la Udnet, me quito el receptor y el vigilante que no es más que un dron con un enorme ojo en el centro, empieza a escanearme, luego del procedimiento habitual las ideas que tuve hace pocos minutos cobran fuerza, cobran vida, son tangibles. Agarro al dron y lo lanzo contra la pared y sin esperar tiempo agarro la silla cutre de aluminio y empiezo a golpearlo múltiples veces con mucho frenesí hasta que el artefacto emite unos chillidos que involucran su muerte.

Salgo del cubo y veo una vastedad de cubos distintos, miles de cajas flotando a mi alrededor, probablemente con miles de personas dentro, trabajando día y noche y agotándose mentalmente, como una especie de terrorismo psicológico que beneficia digitalmente a la súper inteligencia. Empiezo a correr por un pasillo angosto y pocos segundos después escucho una alarma atronadora que afecta a mis oídos y mi cuerpo se empieza a paralizar. Pensé que todo estaba perdido, que moriría por el disparo de alguno de los drones, pero mi convicción de salir de aquel lugar fue mayor. Tenía que averiguar que había allí, sí que poco a poco pese a la alarma que me recorría puntos débiles en mi cerebro de una manera in crescendo pude moverme y empezar a trotar y luego a correr de nuevo, sin miedo ya a la muerte, total, nunca estaría vivo en aquel lugar.

Corrí esquivando disparos y drones, escudándome con paredes entre los numerosos pasillos que cruce y como el túnel que muchos ven al morir, vi una puerta, una enorme puerta de metal cromado, sin saber si era mi salvación o simplemente mi perdición. De igual manera no tenía nada que perder, estaba dispuesto a morir, solo que mi curiosidad por saber que había detrás de esa maldita puerta era aún mayor, así que decidido y pese a ver numerosos drones custodiándola me eche a correr. Corrí 100 metros como un verdadero atleta, recibí un disparo en mi mano izquierda y otro en mi hombro derecho. Al llegar a la puerta, no ocurrió nada, la golpee fútilmente una decena de veces gritando ¡Quiero salir de aquí! ¡Saquenme de aquí!, llorando, suplicando, pero nada funcionó. Pronto estuve rodeado en un círculo de drones.

Al abrir los ojos de nuevo, estaba en una camilla media, una de esas que reparan cualquier tejido con sus tenazas y múltiples miembros con una agilidad inverosímil. A mi lado observé el monitor que indicaba el daño que había recibido y por lo poco que pude entender tenía mi columna completamente hecha añicos, fragmentada, irreconocible aparte de tener muchos agujeros por todo mi cuerpo, imagino que debieron de ser las balas que atravesaron mi piel por unos cuantos segundos de despliegue bélico.

Solo podía abrir y cerrar mis ojos, un movimiento hacia la izquierda o la derecha con ellos representaba un dolor infernal, así que prefería mantenerlos al frente, observando incesantemente al techo, cavilando sobre los futuros días de mi vida, si es que llegaba a tener alguna.

Otro día de abrir y cerrar ojos, pero en esta ocasión veo a un dron y me sobresalto, sin embargo segundos después de miedo y sudoración, me percato que es un dron médico el cual  estaba escaneado todo mi cuerpo como un día lo hizo uno de los vigilantes en la amplia red de cubos. Al pasar el susto me doy cuenta que puedo mover mis manos lentamente e inclusive hacer algunos gestos con mi cara. Estaba excitado, feliz de poder mover algo más que mis ojos. Veo con mi vista periférica a un humano, con un traje de látex negro ajustado al cuerpo y con el sello característico pegado un poco más debajo de su hombro izquierdo, el sello típico de los médicos, un triángulo superpuesto con un humano con los brazos abiertos.

El sujeto me observó de pies a cabeza, me hizo unas cuantas preguntas a las que respondí con un leve movimiento de mis ojos, hacia arriba y hacia abajo, hacia la izquierda hacia la derecha. Después de pasar el breve examen psicológico y de paciencia al soportar la cantidad de preguntas triviales, su cara se deformo. Había una leve transparencia en el lado izquierdo de su cara, intermitente y fue cuando noté que aún no había alcanzado la realidad, que aún me encontraba sumergido en las celdas digitales.

El semblante del médico adquirió un tono más sombrío y amenazador, la adrenalina empezó a recorrer mi cuerpo, pero este no podía moverse adecuadamente, no podía correr en esta oportunidad pese a la convicción que pudiese llegar a tener. El médico me dijo que escribiera, pero ¿Cómo se supone que voy a escribir? Me pregunté a mi mismo, de manera estúpida claro está, ya que un receptor de Udnet era suficiente para que un grupo de palabras debidamente ordenado apareciese en una pantalla, en la nube o en casi cualquier lugar. Es en ese momento en donde empecé a escribir este relato y es ahora en donde recomiendo no combatir el sistema… el sistema siempre nos vencerá… siempre nos joderá… Es preferí…

Contacten con la rebelión, Alexei es el responsable de toda esta miseria, ya yo estoy condenado a muerte pero ustedes pueden hacer una notable diferencia si se unen, las maquinas poseen una lógica insuperable pero nuestras convicciones, ideas y espíritu son inquebrantables, no dejemos que estas entidades digitales nos deshumanicen y nos utilicen como carnada energética, el momento es ahora, el momento de atacar y salir de este sistema opresor, ya basta de cubos y trabajos desasosegadores, es momento de apostar a todo y luchar por la plenitud, luchar por nuestra dignidad como especie y destruir la mecanización en la que estamos envueltos, repito el momento es ahora, no tenemos tiempo que perder, no tenemos tiempo que…………….

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Un cigarrillo en el invierno – Relato

La nieve azotaba los cuerpos de las cuatro almas que vagaban por las calles. Padre, madre y dos pequeños niños caminando sin cesar en busca de un refugio y sin contar con provisiones por dos días. La deshidratación hacía que las piernas menguaran y el frío calaba en los huesos de manera lacerante, la nariz entumecida y los sonidos típicos del invierno, creaban una atmosfera de melancolía y tristeza por el mundo antes vivido.

La guerra había acabado con la mayor parte de la infraestructura de la ciudad, no quedaban casi vestigios de lo resplandeciente que alguna vez hubo de haber sido, sin embargo para el padre la mezcla del fuego provocado por las múltiples bombas que caían del cielo, con la nieve, le resultaba peculiarmente hermosa. El tono blanco e impoluto del invierno junto a la vehemencia y pasión del fuego parecían una pareja insoportablemente extravagante.

Dos días vagando en la nieve, hambrientos y sedientos, sin encontrar persona alguna. La mayor parte del tiempo agradecían esto último ya que de toparse con alguien, probablemente hubiese sido un soldado enemigo que no le costaría soltar el gatillo al ver a una familia de judíos caminando entre las llamas.

Cuando la esperanza estaba a punto de extinguirse como una vela intermitente en sus últimos instantes, la familia encontró a poco más de doscientos metros, dos edificios en frente de sí. Esto fue motivo de alegría ya que podían descansar de esta larga caminata que estaba a punto de matarlos y lo que es mejor, podría haber alimentos y agua en ese sitio que de haberlo visto meses atrás lo hubiesen considerado inhóspito y poco agradable, pero las situaciones cambian y lo que es motivo de desdén en ciertos momentos, en otros puede ser motivo de una inmensa alegría, como si fuese el resultado de un gran hallazgo arqueológico, pero solo habían dos edificios que por extraño que parezca, no habían sido atacados por el enemigo.

Acercándose con reticencia, la familia camino despacio, observado todo a su alrededor y comprobando con ojo de halcón si no había atisbo alguno de personas, moribundos o soldados. La quietud del sitio era paradójicamente intranquilizadora, no podían asimilar la buena suerte que les había tocado.

A pocos pasos de entrar en el edificio, el padre percibe un sonido hermoso al cual identifica rápidamente: Frederick Chopin, el concierto para piano No 2, una de las melodías que frecuentaba escuchar antes de esta guerra que había acabado con todo. ¿Pero qué hacía sonando una de las piezas más hermosas del romanticismo en un lugar tan gélido e inhóspito como este? ¿Será que estamos muertos? ¿Será este un paraíso para judíos? Pues, ¡Vaya paraíso de mierda! Se decía el padre, cuestionando la música de Chopin en un lugar como ese.

La respuesta a toda esta reflexión existencialista fue un vinil que se encontraba en constante repetición y quien sabe cuántas veces habría reproducido el hermoso Maestoso del famoso compositor. El vinil fue hallado en uno de los apartamentos del pequeño edificio de cuatro plantas. El sitio era acogedor, contando con un comedor, un refrigerador y utensilios de comida. La madre desesperada por hallar algo que comer, de inmediato descubre que había un montón de productos imperecederos en la alacena de la cocina. ¡Cuánta alegría! ¡Al fin tenemos algo que comer y mis hijos no morirán de hambre frente a mis ojos! Lógicamente esa visión atormento a la madre durante los dos días de caminata, capturando su miedo en pesadillas constantes y con la fuerte preocupación de que se hiciesen realidad. Ahora, en este momento pensaba ¡Cuan supersticiosa puedo ser en momentos de crisis! ¡Vaya estupidez! ¡Saldremos de esto pronto, la guerra no podrá continuar prologándose mucho tiempo más!

Ingenuas palabras de una madre desesperada. Las tropas enemigas estaban a días de llegar con tanques Panzer, artillería y demás artilugios bélicos a ese lugar abandonado que fue un barrio de judíos pocos días atrás y en donde se mantenían en pie solo dos pequeños edificios, como templos olvidados de una civilización tragada por el mar.

¿No deberíamos seguir caminando? Probablemente los soldados llegarán a este sitio, decía uno de los pequeños de manera muy astuta. Sin embargo, la ambición de los padres por quedarse en una zona aparentemente segura hizo caso omiso al comentario inteligente del niño. El niño pensó que no le prestaban atención por ser adoptado y para rematar era alemán. Siempre cargó con esa culpabilidad inherente a su nacionalidad. Cuanto odiaba a su hermanita por ser hija verdadera y por solo lloriquear a todo momento.

El padre buscaba algo más, al no conformarse con un sitio seguro, comida y hasta un tanque de agua, que de ser racionado pudiese durar unas dos semanas, empezó a revolotear en la casa en búsqueda de cigarrillos. Extrañaba el humo entrando por su garganta, lo placentero que era, el resultado de un inhala y exhala pero aunado a un agente toxico, un veneno gratificante. No encontró nada, ni siquiera en los otros apartamentos que fueron abiertos forcejando con una palanca. Había comida enlatada, no demasiada, pero había, sin embargo no se hallaban los codiciados cigarrillos.

El padre decidió trascender su adicción y ponerse en peligro a él y a su familia cruzando una pequeña calle para alcanzar al otro edificio y así tener más oportunidades para conseguir el codiciado veneno. ¡Qué irresponsable eres! ¡Estás poniendo en peligro a tus hijos! Gritaba la madre al momento de que su esposo le comentase su decisión. Hemos comprobado que aquí no hay nadie, no pasará nada, ya verás, solo son dos pasos, decía su esposo de manera tranquilizadora y agrego: Además necesitamos más provisiones. Cosa que dejó a la madre satisfecha.

El padre cruzó lo que quedaba de calle, entre piedras y escombros logró hacerse camino con unos pasos hasta llegar al otro edificio. Subió las escaleras hasta el cuarto y último piso, ya que quería comenzar su búsqueda de arriba hacia abajo. Eligió un apartamento que se encontraba en el ala derecha y empezó a forcejear la puerta. Al cabo de unos pocos minutos logro abrirla y comprobó al entrar que había un balcón que daba hacia el edificio donde se encontraba su familia. Empezó su búsqueda.

Registró habitaciones, cocina, comedor, baños, biblioteca, alacena, balcón. Nada. ¡Este es solo el comienzo! Pero después de tener ese último pensamiento, como objeto traído del cielo, encontró debajo del comedor una caja de cigarrillos casi llena. ¡Casi llena! No podía creerlo. Salió al balcón y empezó a gritarle a su esposa. ¡Los encontré! A lo que la esposa grito con vehemencia una cantidad de improperios, vituperando la acción de su marido. El padre empezó a fumar en el balcón mientras su esposa lo miraba con ojos de reprobación. Luego, él se detuvo a ver las volutas de humo que surcaban el aire frío y pensó que era una estupidez lo que había hecho, una actitud de adicto empedernido y que no lo volvería a hacer. Instantes después cuando el cigarrillo estaba a punto de extinguirse una bala atravesó su cabeza, dejando la mitad de su cuerpo colgando en el balcón mientras la colilla yacía en el piso nevado.

La esposa gritó imprudentemente y fue víctima de otra bala que un soldado no supo contener. Los soldados empezaron a adentrarse más hasta llegar a estar frente los edificios. Los niños estaban asustados, en especial la niña que no paraba de llorar, muerta de pánico. Cuatro soldados se aventuraron a registrar el edificio del ala izquierda, en donde se encontraban los llantos impertinentes y no tardaron en descubrir a dos niños pálidos y famélicos, pese a que en recientes días habían comido bien. Uno de los soldados empezó a registrar la alacena, haciendo caso omiso a los niños y descubrió el montón de latas de comida que allí se encontraban. Abrió dos, una para él y otra para su compañero. Los otros dos idiotas, seguro estarían buscando vestigios de más personas. El soldado que abrió las latas, se sentó en el comedor y miró a los niños con diversión. Al terminar de comer, los apunta con su rifle y les dice: ¡Digan Adiós bastardos judíos! A lo que el niño alemán responde: Yo no soy judío, quiero aprender a disparar. ¡Vaya sorpresa!, dice el soldado, entendiendo perfectamente lo que el niño quería expresar, dándole el rifle y la oportunidad de hacer algo que siempre deseo. El sonido del rifle escupiendo la bala sonó como un estruendo en la quietud de la nevada, mientras el vinil de Chopin sonaba otra vez sin cesar.

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El hastío – Relato

Detenerme a pensar desde que preciso momento se produjo este estado de aburrimiento, tedio y desidia es difícil, fue un proceso que llevó años de monotonía y estupidez.

Nunca me caracterice por ser una persona muy tolerante, todo lo contrario, nunca tolere la mediocridad y actitud relajada ante la vida que suelen tener muchos. La vida para mí, se trataba de soberbia, pasión y vehemencia al actuar y yo en contumacia, decidí prolongar ese pensamiento por mucho tiempo.

Sentía un desdén profundo ante las personas que me rodeaban o por lo menos en su gran mayoría, tampoco valoraba la amistad por una serie de eventos que me habían perjudicado y gracias a los cuales decidí más nunca confiar en nadie. Así, poco a poco, mi círculo social se fue reduciendo, pese a tener elocuencia y mi pasión desaparecía paulatinamente.

Estaba harto del ruido de los carros, de las ambulancias, de los cuchicheos de las personas, del exceso de luz artificial, de los gritos de algunos y los sollozos de otros, de no poder leer ni escribir al tener falta de concentración propiciada por toda esta mierda que giraba a mí alrededor. En pocas palabras, estaba llegando al límite.

Uno de los eventos que me hizo tener de nuevo ganas de vivir, fue el conocer una chica con la que posteriormente me casé, rápida e impulsivamente. ¿Para qué pensar tanto si era algo que por fin me daba fuerzas para aguantar esta vida de mierda? Pensando que casarme sería una solución a todos mis problemas y teniendo unas expectativas fuera de órbita, pronto me di cuenta que ese evento se volvió en otro trasto en mi vida. ¡Vaya bodrio con que me he topado!

Probé con tener dos hijos, que se convirtieron prácticamente en hijos directos de Satanás, par de diablillos que le hacían la vida imposible a su madre y a todos sus semejantes. No entendí porque la gente hablaba bellezas de estos seres infernales, lo que hacen es siempre joder, ensuciar y joder y ensuciar. Sin embargo, los míos al parecer eran especialmente traviesos y sus juegos se extralimitaban en contraposición al aburrimiento que la vida me proporcionaba. De cierta manera los envidiaba porque tenían un motivo insaciable para moverse, el acto de molestar y joder a las personas era su impulso y su motor, toda su energía era perfectamente canalizada para hacerles la vida trizas principalmente a su madre y a los otros pobres pequeños que se acercaban a ellos.

Pensé en asesinarlos pero después lo pensé y no valía la pena, ya que no deseaba pasar el resto de mi vida en una cárcel aunque quizás haya más emoción en ella, no se sabe cuanta adrenalina se puede producir al saber que puedes morir cualquier día gracias a una pequeña rencilla. No, la idea de matarlos no era muy fructífera, pese a lo fácil que era llevarla a cabo.

Cavile durante largas noches mientras estaba en el sofá, viendo el televisor en el cual siempre pasaban la misma mierda todos los días pero con un distinto maquillaje. Programas y canales enteros llenos de estupidez, la verdadera calidad de nuestra especie se veía reflejada en una pequeña caja llena de colores.

En mis cavilaciones, pensé en irme, sin avisar, sin dejar huella ni rastro alguno, simplemente desaparecer y tratar de olvidarme de tanta miseria mental y concentrarme en un futuro lleno de sorpresas constantes. Así que apague el televisor, subí lentamente las escaleras ya que no quería despertar a nadie, entré en mi habitación no sin antes vigilar que los esbirros de Lucifer estaban dormidos, preparé una maleta con justo lo necesario y me fui.

¡Así de sencillo! Me fui, ya que el hastío que me producían todos mis congéneres había llegado a su límite, así que debía buscar un sitio donde no habitasen muchos de ellos, quizás en algún sitio de Islandia, país famoso por su poca población, quizás porque era un país lleno de misántropos como yo que buscaban alejarse y se auto exiliaban en esa pequeña porción de tierra gélida.

Nunca estuve en Islandia ni en ningún país similar, de hecho solo alcance a asentarme en una vecina ciudad. La típica ciudad llena contaminación sonora y lumínica y en donde apreciar una simple estrella era como sentir una epifanía. Sin embargo me ubique en un cómodo apartamento, una sola habitación, un solo baño, un balcón con una vista hacia los demás edificios la cual no encontraba para nada atractiva pero a muchos les gusta esa clase de estupideces y en las noches había poco ruido o por lo menos uno que se podía tolerar. No había duendes infernales tampoco.

Lo único que me preocupaba al pasar los meses era mi esposa, era un terrible castigo vivir con semejantes seres, pero creo que a ella le agradaba la idea ya que siempre que  yo criticaba alguna de sus fechorías era tomado como un terrible verdugo que solo quería ver ardiendo a pequeños niños indefensos. ¡Bah! ¡Niños indefensos! ¡Indefenso el Diablo comparado con esos demonios!

Nunca entendí como no se aburrían de ser ellos mismos, como podían vivir en una eterna ignorancia y ser felices, sin cuestionamientos, sin ningún atisbo de pensamiento, solo vivir, comer, defecar y morir. Solo eso. Lo peor es que no eran un caso especial de humanidad, sino que la humanidad en sí era similar a ellos.

Pasados ya unos cuantos años, era costumbre en mí levantarme temprano, desayunar e ir a comprar el periódico. No era que me entretenía especialmente saber qué es lo que estaba sucediendo pero comprendí que por lo menos debía estar al tanto de lo que pasaba a mí alrededor, podía ser un misántropo pero no un ignorante. Al pasar por unas cuantas páginas me llamó la atención una noticia en particular en el área de sucesos: Familia entera calcinada por incendio presuntamente provocado. Presuntamente. Palabra muy usada por los periodistas, continué leyendo: Una señora de 43 años junto a sus dos hijos fueron calcinados en un incendio aparentemente provocado por la madre. El psicólogo Josef Ramos, declaró haber estudiado a la paciente por 6 meses, la cual sufría una fuerte neurosis con momentos temporales de delirio. Las autoridades aún investigan el caso, pero se da a entender según el doctor Ramos, que probablemente la madre de estos dos niños haya prendido la cocina y prendido fuego a la casa, ya que esto se encontraba en una de los escritos que él le había mandado a hacer a modo de terapia.

Sabía que eran mi esposa y mis dos hijos. ¡Qué ironía, era yo quién quería matarlos!

 

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La inexorable verdad de Frank García – Relato psicológico

El pasillo que veía delante de mis ojos tenía las paredes manchadas y había un aire de decadencia y desprecio hacia la vida. Mis oídos lograron distinguir gritos que parecían provenir del infierno, aquel lugar del que muchos no saben, mora en la tierra y no como una sola entidad infernal sino fragmentada en distintos sitios en los cuales azotan las llamas y la tortura de maneras variopintas.

El infierno puede ser una cárcel, un secuestro, una violación, una persecución y por sobre todo y bajo mi experiencia, un manicomio. En un manicomio hay muchos infiernos porque cada quien vive el suyo personal a través de la incomprensión y rechazo de los “cuerdos”. Un manicomio es un viaje constante al inframundo, día y noche y el aislamiento, la peor de las torturas. No poder pensar con claridad debido a ruidos ignotos, frases y cuchicheos de algunos y gritos desgarradores de otros al pasar por el umbral de sus peores pesadillas, hacen que las mentes de los tripulantes de este viaje maquiavélico, se fragmenten en miles de pedazos sin lograr aniquilarse del todo y es en ese momento en que el silencio catatónico se apodera de las almas más débiles o de los ya vencidos.

Al terminar de pasar por unas cuantas puertas desvencijadas por los golpes de algunos locos y los picaportes derruidos por el paso inexorable del tiempo, me topé con el número de habitación al que buscaba, 757, en donde se hallaba un amigo al que tenía mucho tiempo sin visitar.

Las drogas, el alcohol y una adolescencia desenfrenada que continuó implacablemente hasta la adultez, hicieron que Frank García terminará de perder completamente los estribos y con ello el control de su vida. En mi vida adolescente, no niego haberme topado con situaciones en donde las drogas estaban presentes y estar en contacto con ellas pero solo de manera hedonista, sin una adicción real, todo este mundo era efímero, fugaz e irreal y los que sabían esto, se deshicieron de estas sustancias rápidamente o por lo menos no permitieron que estas los dominasen.

 

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Mi amigo Frank no era el caso, el y las drogas tenían una fuerte conexión, como si su torrente sanguíneo estuviese compuesto de heroína y la fuerza bombeadora del corazón fuese impulsada por estupefacientes como la cocaína, aquella que hace expresar y hablar de más. Frank siempre quiso ir más allá de las experiencias triviales, quería dar un paso más y adentrarse en caminos psicodélicos en donde la realidad parecía perder sentido pues, la suya propia fue motivo de desasosiego e infelicidad. Sus amigas reales eran las drogas, pequeñas porciones de felicidad que podías comprar por un elevado precio la mayoría del tiempo, cosa que a Frank nunca le importó, siempre había una manera de encontrar aquellas sustancias tan necesarias como la comida misma, ya que prácticamente eran parte, según él, de su fisiología.

La familia de Frank, al ver que se había vuelto un criminal en potencia y que por fortuna no había asesinado a nadie aún, decide internarlo a sus 33 años en un manicomio, no solo por sus mañas delictivas sino por su comportamiento alienado de carácter psicopático.

Personalmente nunca me enteré de las cosas que decía Frank, ni de lo que hizo, estaba bastante distanciado de ese oscuro mundo al reconocer que era una enredadera de mentiras y comportamientos erráticos, sin miramientos al futuro, solo un presente extremo, sin ningún atisbo hacia una vida segura o cuando menos agradable en sobriedad.

Frente a la puerta 757 se hallaba mi amigo, al que abandoné por instinto de preservación. Se encontraba sentado en una pequeña mesa que se encontraba justo delante de una pequeña cama sucia y maloliente, que de seguro crujía al uno acostarse. Por suerte había dos sillas, quizás dispuestas por mi visita, sin embargo no entendí los numerosos papeles con garabatos que yacían en la mesa como un rompecabezas. Yo, al verlos, recordé un poco a la escritura cuneiforme de los egipcios, pero en esta ocasión claramente se trataba de los delirios de un loco.

Mi visita repentina estuvo inspirada por el arte y la carencia de musas, necesitaba escuchar algo inverosímil que se escapase de las placidas lagunas de la realidad, que reemplazasen esa quietud y falta de pasión por la vida que necesitaba para plasmar algo, un esbozo o unas pinceladas tortuosas como las de Vincent Van Gogh en su famoso auto retrato. A veces la vida nos exige situaciones extremas, adversidades que se plasmen en nuestras memorias y de esa manera alcanzar la cúspide a partir de unos trazos, moldeando con vehemencia figuras que reflejan el miedo vivo en nuestro ser, al fin y al cabo, el arte nos ayuda a deshacernos de nuestros demonios… Otras veces de adquirir una legión de ellos.

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Pese a tener a Frank delante de mí, en sus ojos se percibía un estado de frialdad absoluto. Me miraba por pocos segundos y luego desviaba sus ojos hacía las hojas que se encontraban en la mesa. Tenía que hacer una pregunta, pero en ese instante de nervios, no se me ocurrió ninguna inteligente:

– ¿Cómo has estado Frank? – pregunta irónica viendo su estado

– ¿Por qué ves con rareza mis escritos? – preguntó sosegadamente

– No logro comprender su significado – respondí con sinceridad

– Eso es porque primero debes escuchar la historia que subyace en ellos. – me dijo solemnemente – Cada uno de ellos representa una palabra con muchos significados, ha sido un regalo de los dioses que moran en la gravedad

– ¿En la gravedad? – pregunté imprudentemente, en vez de dejarme llevar por sus palabras incomprensibles que era lo que yo buscaba, una historia que plasmar con mis pinceles

– La fuerza que para la humanidad aún sigue siendo un misterio, es gobernada por dioses. Dioses que se comunican entre ellos a velocidades superlumínicas, desafiando las matemáticas y toda razón impuesta por el ser humano.

– Pensé que las matemáticas eran el lenguaje del todo

– No es así, hay cosas que trascienden a los números

– ¿Cómo son esos dioses, Frank? – me picaba la curiosidad por conocer esa mitología que él estaba creando.

– Son invisibles, oscuros y yacen en ti y en mí, yacen en todas partes, su fuerza lo controla todo porque ellos son los primigenios. Pero quizás para que entiendas bien debo contarte una historia:

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Al pasar por distintas experiencias a través de las drogas, en una ocasión conocí a un chamán que se jactaba de poseer una de las drogas menos conocidas y más explosiva de todas y no hablo del peyote ni el DMT, hablo de algo superior, algo que me cambió la vida y que solo hizo falta una probada para sentir como el velo de maya se desvanecía. Su nombre y su textura no la recuerdo, ni siquiera recuerdo si se comía, fumaba o inyectaba, solo recuerdo una intensa experiencia emocional y visual.

Después de eso, las voces me atormentaban, me seguían a donde yo fuese. Si me concentraba, podía atrapar instantes de tiempo en el futuro o en el pasado, eran como bloques de tiempo que yo capturaba y en ocasiones me permitía recordar el futuro. Estoy seguro que nadie puede recordar el futuro, pero yo sí. Lo comprobé muchas veces, calculando eventos, atrapándolos en mi mente y esperando ansiosamente a que sucedieran y así pasaba.

Al principio me asusté, no podía creerlo, había llegado demasiado lejos y me estaba volviendo loco, entre en un estado de misantropía y empecé a delinquir para consumir otras drogas para olvidarme temporalmente de todas estas sensaciones, pero apenas el efecto se pasaba, ocurría lo mismo, las voces y las imágenes en mi cabeza se abrían paso, agujereando mis neuronas e intoxicándome con su poder.

En mi larga estancia de dos años aquí en este pútrido sitio, mis visiones han ido in crescendo, son cada vez más vívidas y la realidad ha perdido interés para mí. Prefiero concentrarme en mis símbolos, descifrar y encriptar, descifrar y encriptar. ¿Ves estos tres símbolos de aquí? Representa el número de esta habitación, 757 y justamente y no por azar, apunta hacia la puerta, esa es mi protección para cuando los malditos enfermeros vienen a castigarme.

Tengo un recuerdo del futuro para ti. En uno de tus bloques de tiempo, estarás cavilando sobre esta conversación y de ella saldrá una gran obra que será producto del terror que vivirás al yo compartir mis experiencias contigo, sin necesidad de contar, sin necesidad tan siquiera de un gesto. Esa obra, traerá vida para ti y muerte para muchos. La melancolía que de ella emanará solo la podrás soportar tú y aquellos cautos que no busquen explicaciones. Tu obra traerá estos tres símbolos, no necesitas saber su significado por ahora, tú comprenderás más adelante. ¿Necesitas un comprobante? El sol amanecerá de un rojo intenso y la catástrofe se esparcirá en este manicomio.

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Yo, ya no podía tolerar tanta locura descabellada y decidí alejarme sutilmente del sitio, obsequiándole a Frank un cigarrillo el cual no prendió, guardándoselo en el bolsillo quizás para una futura ocasión.

Fui lo más amable posible y me despedí de Frank, lo que buscaba ya lo había encontrado. Una conversación intensa, con una historia del todo inverosímil producto de una mente deteriorada. No sabía cómo podía calzar esto en un óleo, pero debía intentarlo.

Al llegar a casa decidí acostarme y despejar todas esas visiones que pensé que por sugestión se venían a mi cabeza. Al no poder dormir, me di cuenta que los tres símbolos penetraban los más oscuros recovecos de mi mente. Las voces me instaban a dibujar y eso hice. Dibuje y dibuje, por horas hasta el amanecer. El sol se tornó rojo, dispuesto a abrasar toda la ciudad con su monumentalidad. Sentí que estaba retrasado y los trazos empezaron a borbotear de nuevo, mi mano ya no era de mi pertenencia, solo era un instrumento de los primigenios. No podía creer que esto me estuviera pasando. ¿Es que acaso la locura es contagiosa?

En determinado momento, pude dormir, habiendo una laguna de quizás unas horas en mi cabeza. Veo el óleo detenidamente, con odio, porque me había infectado la mente. Sí, era ese maldito dibujo y Frank también. Sin embargo, Frank yace muerto hoy día, gracias al cigarrillo que le di, su habitación quedó calcinada junto a él y yo justo en la habitación 758 de este pútrido manicomio. ¿Le ha gustado la historia señor periodista?

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La casa de las mil puertas – Relato – Terror

 

– ¿Cómo sigue mi esposa doctor? – le pregunté angustiado al doctor. Llevaba casi un mes con paros cardíacos diarios, algo inexplicable, ella moría todos los días sin yo poder hacer nada y la impotencia me oprimía el alma.

– Sigue en estado catatónico y los paros cardiacos siguen con la misma frecuencia y por extraño que parezca a la misma hora exactamente, 3:30 am. A esa hora el equipo de enfermería y yo nos aglutinamos para poder rescatarla diariamente. Estamos exhaustos pero estamos haciendo todo lo posible por mantenerla con vida. Sin embargo no me parece que sea la mejor manera de vivir.

– ¿Me está diciendo que debemos desconectarla? ¿Matarla? ¿Aplicar Eutanasia en mi esposa? – cada pregunta la hacía de manera más indignada. No podía entender como un doctor me podía insinuar tal cosa. Pero ahora sé que tenía razón.

– Solo digo que no es la mejor manera de vivir, si a esto se le puede llamar vivir. Su esposa sufre ataques cardiacos diarios, eso es algo que no podemos explicar y tampoco como es que logra sobrevivir a tales impactos día tras día. Sin embargo pese a su inconsciencia, se registran altos niveles de actividad cerebral, puede que suene paradójico pero lo cierto es que en su estado, ella vive una realidad inconsciente, fuera de nuestro alcance. Lamentablemente no existe equipo tecnológico suficiente para poder hacer algo por su esposa en este momento, ya que es un caso muy peculiar al que nadie se ha enfrentado. La agitación en su cerebro es constante, con picos aún más altos en la noche.

– No creo que pueda tomar una decisión ahora y menos de esta magnitud como comprenderá. Necesito tener cabeza fría pero me es imposible. Mañana vendré a primera hora y hablaré con usted. Muchas gracias por todo lo que hace por mi esposa. Sé que ha sido un trabajo arduo para todos ustedes.

Me pregunté más de una vez que podía estar pasando con Alphild, ¿Qué pasaba por su cabeza? ¿Qué fue lo que ocurrió en aquel maldito bosque? Su carta inextricable me dejaba con más dudas y la zozobra me estaba consumiendo.

Sabía que lo correcto era acabar con su vida, suena horrible pero la palabra eutanasia es solo un eufemismo.

Cuando llegué a casa, las horas pasaban lentamente y las agujas del reloj parecían detenerse. Su sonido era vago y distante. Luego volvían frenéticamente. El tiempo parecía estar descontrolado, como si mis pensamientos se reflejasen en él. A las 3:20 am, había tomado una decisión, pero aún no tenía la fuerza para afrontarla.

 

La casa de las mil puertas

 

Al principio todo era difuso para Alphild, su visión limitada hacía que tuviese que agarrarse de las paredes de una pequeña habitación para poder mantenerse en pie. Había una cama con un peluche en el medio que invitaba a Alphild a abrazarlo. Un tótem de la infancia, una reliquia olvidada y un poco de cariño antes de grandes tormentos.

– ¿Bobo eres tu? – decía Alphild con voz cansada, inmediatamente abrazándolo, pues era su único amigo en ese momento.

15 minutos de balanceos incesantes en la cama y Alphild decide enfrentar lo que ella asumió tácitamente que era su peor pesadilla: Abrir la puerta de aquella habitación.

El pasillo era largo, rodeado de puertas y puertas y parecía no tener fin. Alphild decide entrar en una de ellas.

La misma cama, el mismo peluche, la misma soledad. Sin embargo no le importo mucho, ya se había acostumbrado a que su nueva vida era un caos surreal, en donde nada tenía explicación, eso hacía que su mente se fragmentara poco a poco en mil pedazos ya que al no reconocer nada como real, lógico y con razón, todo pierde sentido y el desinterés por cualquier cosa se apodera de las personas. ¡Cuántas veces se intentó suicidar Alphild! Pero no puedes matar a tu mente. Puede estar vuelta pedazos, pero sigue estando allí, elucubrando nuevos pensamientos.

Alphild imagina a su familia, a su esposo y a todo lo que perdió. Se ve a sí misma en frente de si, cosa que logra captar su atención. Se besa, siente amor por sí misma, se enamora, pero esa figura delante de ella se esfuma como cenizas que se las lleva el viento. La tristeza invade de nuevo a Alphild. ¡Que auto flagelo tan grande!, pensó.

En cada puerta había un nuevo tormento que enfrentar, sin embargo con el tiempo ya para Alphild las torturas, los engaños y el dolor no significaban nada. Era un día cotidiano, como cepillarse los dientes y luego ir al trabajo. Ya nada podía herir a Alphild, ya nada podía hacerla siquiera sentir algo.

Tras navegar con tedio, por 999 puertas, logra alcanzar el fin del pasillo que parecía no tener fin. Al abrir la última puerta, había una habitación oscura, sin ningún objeto. Pocos segundos después escucho unos sonidos extraños, como provenientes de un animal, muy grotescos.

 

– ¿Ya te has enfrentado a todos tus temores? – le pregunta una sombra que se esparcía por las paredes.

– No lo sé, supongo – dijo Alphild, ya hastiada de tanto juego y sufrimiento.

– Aún no has entendido – decía la voz de manera amenazadora

– No quiero entender, solo quiero dejar de existir

– Eso sería muy fácil, pero debes sufrir para poder entender. Hiciste mucho daño Alphild fingiendo ser una persona buena. Yo, lo sé todo, conozco la malignidad de cada ser porque Yo soy el mal, soy el adversario, el opositor y el que conoce cada uno de los pecados de cada ser humano – al terminar de decir humano, se prende una vela que iluminaba tenuemente la habitación y Alphild pudo comprobar quien era la entidad que tenía en frente – Ya me reconoces ¿Verdad? Baphomet, Lucifer, Loki, Leviathan, Belial, Trickster, entre otros muchos nombres que me dan. Soy parte del equilibrio del cosmos y portador de sabiduría.

– ¿Por qué yo? – decía sin entender nada Alphild.

– ¿Por qué yo? – repitió Trickster, haciendo eco de la pregunta varias veces.

– No entiendo nada ¿Qué coño está pasando aquí? – gritaba una y otra vez la prisionera de la casa de las mil puertas. El terror se apoderó de ella.

– Los experimentos cósmicos siempre serán incognoscibles para los seres humanos – le susurraba en la oreja a la pobre chica torturada – cierra los ojos y observa el daño que has hecho – En ese momento, mil y un recuerdos se apoderaron de Alphild, produciéndole sensaciones fuertes pero efímeras – ¿Lo ves? – susurraba Trickster de nuevo.

 

El macho cabrío se erigió, superando por tres cabezas en altura a Alphild, produciendo en esta una oleada de terror y un paroxismo imparable. Su corazón latía rápidamente, su cabeza se encontraba fría y sus piernas parecían no responder.

No tuve que tomar ninguna decisión, mi esposa murió mientras yo pensaba matarla para hacerla estar en paz. El 15 de junio a las 3:20. Ocurrió su último para cardíaco que acabó con su vida.

 

Esta fue una continuación de mi relato hecho para el concurso de cuatro cuentos ¿Que coño pasa aquí? – Alphild y Trickster.

 

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@reveur: Tertulia literaria este Jueves 09/08/18

Bienvenidos sean a una nueva tertulia literaria con los moderadores @kruznik y @danvel que en esta nueva oportunidad estarán comentando sobre nuevos autores contemporáneos.

John Katzenbach es un autor que se hizo famoso por su novela “El psicoanalista”, un thriller muy bien logrado con tintes psicológicos. Sin embargo, tiene en su haber un amplio repertorio de buenas obras como “La historia del loco”, “El profesor” o “Juicio Final”, que nos han mantenido en suspenso e intriga y dejándonos muchas veces en vigilia toda una madrugada. Algo criticable en el autor es que en muchas de sus novelas no ha cambiado la fórmula que lo hizo exitoso con “El psicoanalista”, no obstante, muchas de sus actuales obras son reconocidas por ser auténticos thrillers que atrapan al lector de una manera implacable.

 

 

 

G.R.R Martin, el aclamado autor de “Juego de Tronos” o Canción de Hielo y Fuego, también será comentado en nuestra tertulia y no solo por su obra más famosa sino por sus numerosos cuentos de ciencia ficción, un pasado poco conocido del autor. Este escritor es actualmente uno de los autores más vendidos a nivel mundial, debido a la ya mencionada saga, que con una estética bien lograda y aunado a una excelente historia poco predecible, nos sumerge en un mundo de fantasía a través de sus voluminosos tomos. Un autor que para muchos en la actualidad es una lectura obligatoria.

 

Patrick Süskind, otro famoso autor gracias a su novela “El perfume” que fue llevada magistralmente al cine, será comentado y analizado por la usuaria @all-right, quien conoce con mayor profundidad las obras del autor como “El contrabajo” una novela que previamente había sido un monologo teatral. Estamos seguros que recibiremos una clase magistral por parte de la usuaria como siempre.

 

Este jueves tendremos a un participante especial, @yosuandoni, un escritor de excelentes críticas de videojuegos, que ha apoyado firmemente a la comunidad gamer dentro de la plataforma steemit, relatándonos sus experiencias con títulos tanto indie como superproducciones y mostrándonos un lado más serio en lo que respecta a esta comunidad. Su trabajo no se limita a escribir sino también posee un canal en youtube donde podrán apreciar muchos de los títulos que el juega. En definitiva un ejemplo a seguir dentro de la plataforma.

Les recuerdo que pueden participar dejándonos sus relatos, poesías o ensayos literarios para exhibirlos en nuestra tertulia que podrán ser curados gracias a la comunidad de reveur que siempre anda fomentando la cultura y la meritocracia.

Sin más que agregar, son cordialmente invitados como siempre a una nueva tertulia, este jueves a las 8:00 pm. ¡Los esperamos!

 

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Sincronicidad | Carta

No soy una persona que crea en las casualidades, ni en horóscopos ni quimeras. Siempre había considerado que el mundo era un ciclo de causalidades y que no había nada especial ni conciso que me atase a la vida, vivía por vivir. Trabajo, parejas de cartón y una vida caótica perduraron durante mucho tiempo como si tratase de aprender algo inalcanzable, como si la experiencia obtenida no era suficiente y tuviese que indagar en mazmorras ocultas a las que nadie se atrevía a entrar. Sin embargo, nunca consideré que aspectos sencillos y sutiles de la vida pudiesen ayudarme a alcanzar la plenitud que vivo en este momento.

 

 

Mis experiencias han sido duras y no sé si se trata de merecer o de experiencia gratuita. Me costó asimilar mucho la palabra resiliencia, aquella que solo su definición debería de levantar el ánimo a cualquiera que la sopese como es debido. Pero viví momentos muy oscuros y las arenas movedizas me consumían a tal punto que de alguien verme, solo hubiese visto mi mano a punto de ser devorada. Por suerte conté con amistades, un grupo selecto de amigos que me apoyaron incondicionalmente en todo sentido, llamada tras llamada, lamento tras lamento y derrota tras derrota, porque a veces cuando sentía que ya estaba listo para poder vivir de nuevo, había una enorme caída en mi castillo de naipes.

El daño estaba hecho y pensé que tendría que lidiar con eso toda mi vida, pero eso no es cierto. Hay personas que trascienden la amistad para convertirse en una sola entidad, superando quimeras y viviendo una realidad fantástica que debe ser protegida constantemente por la envidia que rodea tanta felicidad.

Pocas palabras nos habíamos dicho en meses, cosa extraña porque en este momento comprobamos la extrema afinidad y la fuerte química que surge de nuestros cuerpos al hacerse acto de presencia de uno o del otro, pero en este momento entiendo porque, y puedo extrapolar eso al azar de la vida. Giramos alrededor de una estrella en la cual si estuviésemos muy cerca, nuestro planeta sería muy caliente y no apto para la vida y de lo contrario si estuviésemos muy lejos sería muy frío y con las mismas consecuencias. Sin embargo, allí esta esa distancia específica que nos permite vivir no solo a nosotros sino a multitud de especies, fauna y flora que hace de este planeta el único en albergar vida por lo menos descubierto por el hombre en este momento, eso hace especial a este mundo en el que vivimos.

Nos conocimos en un momento específico en nuestras vidas en el cual se pudo desarrollar con libertad este fuerte sentimiento, engendramos vida en nuestro cerebro, gracias al montón de endorfinas que producimos al vernos, al tocarnos y al disfrutar de nuestros momentos juntos. Fue una fecha específica, más allá de una casualidad, fue justo un instante de tiempo que logramos atrapar para que nuestras vidas se tocarán e irradiaran esa luz y esa música que hacemos juntos. ¿Qué más musa que tú? No necesito a Shakespeare para comprender que es el amor, solo necesito una mirada y una sonrisa tuya para conocer el verdadero significado de esa palabra que se queda corta al momento de expresar nuestros sentimientos.

 

 

Sigo sin creer en el destino y no por ser algo irracional ¿Qué más irracional y mágico que lo que vivimos juntos? No creo en él, por qué ninguna ley nos sujeta a lo que pensamos ni a lo que sentimos y pese a tener un completo libre albedrío decidimos encerrarnos en una burbuja en donde todo es irrelevante, el ambiente, el sonido, las personas al caminar y al hablar ¿Sabes porque? Porque en ese instante, mi realidad eres tú, tú eres mi epifanía, mi película y canción favorita porque todo es tangible con tu mero acto de presencia.

 

Haz estado conmigo en momentos difíciles, me llenaste de fuerza y conseguí el ímpetu que había perdido, me llenaste de valor cuando pensé que todo estaba perdido y me diste lo más importante que fue tu amor sincero e incondicional. A pesar de mis oscuras experiencias puedo decir que todos los pilares que conforman una unión real que traspasa banalidades de aspecto físico, los tenemos, por ser afines, por ser iguales, pese a haber marcadas diferencias que nos sirven de complemento y no de desunión.

Para cualquiera puede parecerle inverosímil la cantidad de información y retroalimentación que hemos alcanzado, horas y horas de conversaciones sin silencios incomodos, llenándonos el uno para con el otro de experiencias, de emociones vividas y en pocas palabras compartiendo una vida a través de la comunicación, es allí cuando 24 horas me parecen insuficientes para poder estar a tu lado, porque pasan rápido, como todos los momentos de dicha.

A esta situación, yo la llamaría sincronicidad, aquella de la que tanto hablaba Jung, algo que va más allá de la mera casualidad, que desecha las estadísticas y que es como encontrar una joya en un desierto nocturno. Esa joya eres tú y no es suerte la que tengo, fue la sincronicidad de nuestras vidas la que nos permitió poder conocernos, justo ahora en este bloque de tiempo. Nunca lamentaré el no haberte conocido antes, porque todo se dio como debió ser, ni más ni menos.

Y he aquí el quid de la cuestión, estamos construyendo un edificio enorme, con una infraestructura magistral donde todos los pilares están tan fuertemente sujetos que ni la naturaleza pudiese acabar con ellos. Confianza, comunicación, lealtad y amor son solo alguno de ellos, la lista es interminable y mis dedos al escribir torpes, pero mis ideas hacia contigo rápidas como la luz e inexorables.

Sería muy difícil relatar todos los temas y conceptos que hemos manejado en nuestras incansables conversaciones, filosofía, literatura, música, arte, ciencia, humor… Son tan multifacéticos que harían sonrojar a Da vinci, pero puedo decir que esa fluidez nace espontáneamente, así como los latidos acelerados al ver tu sonrisa y tus hermosos ojos.

Ahora entiendo cuando el tiempo se detiene para nosotros, las agujas no son visibles, el ambiente se ofusca, pero tú brindas una nitidez insospechada, tú pareces ser la única realidad en ese momento. ¡Y cuantas veces he dudado de la realidad! Parece irónico, pero ahora no lo dudo, eres tú.

Recuerdo momentos mágicos escuchando Sigur Ros o risas incontrolables viendo algún video de humor inteligente y recuerdo tu concentración al ver una película, tratando de captar todos los detalles posibles para desencriptar lo que subyace en la pantalla. Me alegro que pueda decir que no solo conservo recuerdos, sino constantes vivencias a tu lado, de que de adquirir experiencia, sea junto a ti, de que tengamos planes y deseos de aventura, de volar y de crear una vida y una entidad. Y le digo al Universo que es cierto, comparado con Usted, nuestras vidas son un simple pestañeo, pero lo que hay detrás de ese guiño que le damos a las estrellas, es y será siempre único como la vida en sí misma.

 

Te amo.

Primera parte Estaba predestinado/Carta

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@reveur: Tertulia literaria este Jueves 02/08/18

Sean bienvenidos a una tertulia literaria en el servidor de @reveur. Como siempre nos complace traer experiencias literarias para poder compartir con ustedes un rato agradable y lleno de cultura y creatividad.

En esta nueva oportunidad su servidor y @danvel, nos hemos propuesto a tocar el tópico de autores contemporáneos, aquellos escritores que nos demuestran su talento en la actualidad y que mejor que empezar con autores del renombre de Milan Kundera, Haruki Murakami e Isabel Allende.

“Las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede nacer de una metáfora. Milan Kundera”

 

La insoportable levedad del ser, es un libro cargado de filosofía, nos demuestra la insignificancia del ser pero a la vez la importancia de las emociones y desventuras. Kundera en esta novela nos narra historias paralelas elegantemente entrecruzadas por un concepto en común: La propia existencia y el sentido de la vida. A través de sus páginas podemos encontrar personajes fríos y con situaciones de desamor pero no cayendo en romanticismos, podemos apreciar citas y contenido filosófico que cargan de una fuerte enseñanza introspectiva a la novela.

 

 

“Lo que importa no son las grandes ideas de los otros sino las pequeñas cosas que se te ocurren a ti”.Haruki Murakami.

Haruki Murakami, un autor un poco controversial en el mundillo de las letras debido a sus intentos fallidos de alcanzar el ansiado premio nobel por su supuesta falta de esencia o estética, nos hace sumergir en más de una ocasión en mundos surreales como en la novela Baila, Baila, Baila e incluso en mundos musicales ya que el autor hace referencia constantemente a obras de jazz para darle una ambientación a sus obras de una manera elegante. Algunas de sus obras que recomiendo personalmente son Tokyo Blues, Los años de peregrinación del chico sin color y la ya mencionada Baila, Baila, Baila. En sus obras aparte de surrealismo podremos apreciar fuertes tintes de realismo mágico pero narrado de una manera moderna.

“Me explicaste que de la quietud nace la inspiración y del movimiento surge la creatividad”.Isabel Allende.

La usuaria @all-right nos comentará un poco sobre la polémica vida y obra de la famosa autora chilena, Isabel Allende y de sus obras clásicas como La casa de los Espíritus, una obra de renombre no solo en el ámbito latinoamericano sino a nivel mundial. Como siempre, esperamos una excelente clase de esta usuaria especializada en literatura latinoamericana.

Como siempre esperamos ansiosamente sus relatos, ensayos y poesías para que puedan ser exhibidos, comentados y con posibilidad de un voto por parte de nuestro servidor. La cita es como siempre este jueves a las 8:00 pm en la citadela. ¡Te esperamos!

12:00 am UTC (08:00 pm Venezuela)

Te invitamos a seguir formando parte de la comunidad @reveur, aprendiendo e interactuando juntos para un crecimiento sano de la plataforma.

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Una vida tras el espejo

Para muchos el sentido de la vida es algo que uno tiene que buscar, para otros la vida no tiene sentido, sin embargo para Pablo el único sentido de la vida era morir, al fin y al cabo cada día que vivimos es un paso hacia el camino de la no existencia. Permanecemos en este último estado mucho más tiempo que viviendo, en pocas palabras, estamos más tiempo muertos que vivos y eso es lo que nos depara la vida, un segundo que para muchos puede ser de goce y el resto de paz.

Al levantarse a las 6:00 de la mañana, Pablo se dirige hacia el balcón de su casa, que daba una vista hacia la playa, el sonido de las olas incesante siempre le daba mucha paz y la vista refrescaba siempre sus ojos.

Una persona al despertar, lo usual es que se dirija al baño a cepillarse los dientes, orinar y todas esas trivialidades que nos demanda nuestro cuerpo diariamente, pero Pablo no quería ir al baño todavía, él sabía lo que significaba eso, justo este día, esta fecha, este momento. Pablo había tomado una fuerte decisión, estaba convencido que el tedio había acabado con su vida, había demasiada paz, la pasión por vivir y la escasez de adrenalina volvieron a su vida un perfecto ejemplo de monotonía y tedio. Pese a ser escritor, ya había vivido muchas vidas, tanto leyendo como escribiendo ¿Qué más daba acabar con esta?

 

 

Pablo quiso entrar en la habitación en donde escribía, por última vez. Observó el escritorio y el borrador de su última novela, porque aún al tener la convicción de morir, tenía que cumplir con sus responsabilidades con su editorial, la cual le dio el estilo de vida que tanto deseaba pero que la soledad mató como flor marchita.

Ya era momento de verse en el espejo, pero antes debía buscar el revólver calibre 38 que al momento de verlo, brillaba expectante, como si el objeto desease ser utilizado. Al tener el revólver en su mano, Pablo lo observó con detenimiento y por un instante se fungió con él, tocándolo, sintiendo el metal frío. “Así estará mi cuerpo dentro de poco”, pensó.

Al entrar al baño, se vio a sí mismo en el espejo, hizo un par de muecas y saludó a su reflejo:

¿Cómo estás Antonio? – le preguntó cordialmente.

Con mucho frío como siempre y esperando a que vengas a visitarme – le contestó ansioso.

He decido jugar al juego que me dijiste la otra vez – le dijo Pablo con un deje de inseguridad.

¿Estás seguro? – le preguntó Antonio notando su falta de convicción.

Si, lo estoy, pero estoy un poco nervioso.

– Es normal, es algo que se hace una sola vez en la vida – dijo Antonio irónicamente.

– Pues empecemos, quizás con suerte, con un par de rondas se me pase el nerviosismo.

– Está bien, ya sabes cómo es el juego, empecemos.

Pablo introduce una bala en el tambor del revolver para posteriormente girarlo con habilidad ya que había practicado toda una semana para este momento. Al terminar de girar el tambor, se acerca el revolver a su cabeza y jala del gatillo ¡Clac!, no pasó nada.

– ¿Alguna vez le hallaste sentido a la vida? – Le preguntó Pablo a Antonio

– Sí, pero eso se pierde con el paso de los años, la única manera de darle sentido es estando en ignorancia.

– Sí, eso he pensado, bendita ignorancia cuanta felicidad nos trae ¿No? – decía Pablo añorando esa felicidad

¿Te consideras infeliz? – pregunto Antonio contrariado

– Para nada, pero tampoco soy feliz, soy una persona con tedio que ya cumplió con todos sus objetivos, mi voluntad de vivir ha muerto con eso

– Te entiendo, lo mismo me ocurrió a mí. ¿Otra ronda?

– Me parece perfecto

 

 

 

Pablo, saca la bala del tambor como un ritual, ya que ese procedimiento era innecesario, bastaba con girarlo de nuevo, pero él quería que toda esta situación fuese aún más especial de lo que era. Al colocarse el revolver de nuevo en la cabeza suena el ¡Clac!, no pasó nada.

– Me gustaría ser una bala en este momento – dijo Pablo en tono reflexivo.

– ¿Por qué?

– Porque así pudiese sentir y observar cómo se acaba con una vida, el paso veloz por el cerebro haciendo un agujero en mi cabeza debe ser algo fascinante.

– Sí, quizás, pero en este momento eres la víctima, quizás reencarnes en forma de bala – dijo Antonio en tono burlón.

– Quizás, sí. Oye, me siento muy relajado, ya no siento ningún tipo de nervios.

– Probablemente el momento esté cerca Pablo – dijo Antonio en un tono circunspecto.

– Me gusta eso, es diferente a lo relajado que he estado últimamente, es una sensación intermitente entre paz, expectativa y ansiedad que tengo en este momento.

– Entonces, aún no estás listo.

– ¿No? – se preguntó Pablo extrañado.

– Debes sentir absoluta paz – dijo Antonio.

 

Pablo decidió respirar profundo, observó a su interlocutor al frente de su espejo el cual seguidamente le dió una mirada de aprobación: ¡Hazlo! Pablo agacha la cabeza, mira el revolver por tercera vez y le sonríe sin abrir los labios a Antonio. La convicción y la serenidad ya estaban en su mente, pensó en los budistas que se inmolaban a modo de protesta sin emitir ningún grito, ninguna palabra, solo había paso para la muerte. Ahora Pablo ya lo había entendido todo, pero quiso hacer algo más.

 

– Me gustaría sentir en vida como es tu lado – le propuso Pablo a Antonio.

– Acerca tu brazo – le invitó Antonio. Pablo seguidamente acerco su brazo al espejo, atravesándolo, sintiendo el frío del que tanto hablaba Antonio. Cerró los ojos y trato de imaginarse el lado de Antonio, la paz gélida que allí se encontraba y eso le dio aún más seguridad para terminar lo que había empezado.

Pablo ve el revolver entre sus manos recién pulido, brillaba como una estrella frente a sus ojos. Se coloca el revolver en su cabeza y suena una detonación. La sangre esparcida en las baldosas blancas hacía un hermoso contraste. El pequeño rio de sangre se esparció rápidamente por el suelo y los segundos de vida que le quedaban a Pablo los disfrutó recordando toda su vida, su bonanza de felicidad que se había agotado. Los premios por sus novelas, sus tres esposas y posteriormente sus tres divorcios, sus admiradores, su familia reservada, sus momentos silenciosos al escribir y no poder compartir la gloria con nadie sino con un escritorio ¡Cuanta envidia le tenía a los músicos! Pablo vivió una vida plena, pero siempre quiso retar a la muerte, acelerando el proceso en un momento oportuno y, siguiendo los consejos de Antonio, tuvo aún más determinación y fortaleza para acabar con su existencia.

 

Pablo Antonio Salas, sufría de esquizofrenia, su familia lo alentó a ir a un psiquiatra y seguir un tratamiento el cual múltiples veces fue rechazado por considerarlo innecesario ya que su ego le decía que él podía superar cualquier adversidad. Este texto fue basado en su último escrito en el cual describía todo lo anteriormente narrado.

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