Hasta el fin de los tiempos – Relato

Tardé treinta años en descubrirte a través del mapa de la casualidad o quién sabe si fue algo causal. Allí estabas tú, tan resplandeciente como siempre, con tu sonrisa que desde el primer instante capturó mi alma entregándosela como ofrenda como si de un pacto se tratase, un pacto en donde dos almas deciden unirse y pasar el resto de sus vidas juntos en una completa simbiosis pero sin necesidad de ser dependientes entre sí, sino más bien cooperando entre sí.

Hubo fraternidad, amor, discusiones, alegrías y tristezas por todos estos largos años, tantas emociones que serían imposibles de comprimir en un libro, habría tanto que explicar. Recuerdo el exceso de comunicación que teníamos y ya a los años nos conocíamos tanto que el hablar era un lujo y los gestos y el cariño eran las bondades recibidas por años de asimilar y comprender al otro.

Yo no era una persona precisamente empática, solía ser frío y distante por todas las situaciones a las que me había llevado la vida, mucho caos y no pensaba precisamente en el futuro. Tú me enseñaste que de nada sirve discutir para ayudar a una persona, solo hace falta comprensión y meterte un poco en los zapatos del otro: ¿Qué siente? ¿Por qué se comporta así? ¿Qué pudo haberle pasado? Pero la mayoría de nosotros no entiende eso y piensan que las personas reaccionan mal solo por el hecho de querer hacerlo, cosa que puede llegar a suceder pero no siempre es así. No sabemos cómo le fue a alguien en el trabajo, si tuvo un problema familiar, si está enfermo, si un familiar se le murió y un sinfín de cosas que le pueden pasar a una persona.

Todos aquellos golpes tenemos que afrontarlos con temple y con sabiduría, sin histrionismo, nada de dramas, con fuerza. Y el gran problema de todos es la muerte claro está, aquel problema que pensamos que no nos tocará jamás cuando estamos jóvenes pero que al envejecer lo vamos aceptando cada día más. Sim embargo, frecuentemente la muerte nos visita repentinamente o de formas poco usuales, quizás a mí me rozó con su larga túnica y ando aquí luchando por unos días más de vida en una camilla, pero ya estoy cansado.

Luche durante toda mi vida como un vikingo soñando llegar al Valhalla, esa era uno de mis ideales, luchar para conseguir lo que se desea, luchar por amor, luchar por odio, luchar por poder, pero como muchos saben, esa no es toda la vida, el exceso de pasión por las cosas hacen que se esfumen tal como vinieron. Nunca entendí porque todo tiene que ser tan equilibrado, si mueves un poco la balanza ya hay una tormenta como un efecto mariposa, porque uno debe actuar tan comedido y a pesar de que sabía que el exceso de pasión no era del todo bien recibido por los cánones de la vida, decidí vivir mi vida como me dio la gana, desafiando a la vida y a ese supuesto destino del que muchos hablan porque vaya que abuse de mi suerte.

Claro, conozco el día en que más he tenido suerte, aquel quince de junio empecé a ser el hombre más afortunado del mundo y en ese mismo mundo en donde los valores y los sentimientos son relegados a un segundo y hasta tercer plano, estábamos nosotros consumidos por un anacronismo sentimental, viviendo como salidos del medioevo o por lo menos la parte bonita de la época.

¡Que buenos años hemos pasado! Cuantas risas he visto en tu semblante, cuantos besos apasionados hemos tenido, cuantas locuras hemos inventado, cuantos viajes, cuantas dichas, cuantas veces nos hemos burlado del otro o en nuestra misma presencia, de nosotros mismos, ¿Cuántas? Medir este tipo de cosas es imposible, las matemáticas pierden el sentido por completo en el terreno de las emociones ya que son irracionales pero vaya que nos hacen felices.

Como bien sabrás ya estoy viejo y con poco tiempo de vida, quería dejar una micro constancia y profesar en papel por última vez el amor que siento por ti, ese amor inefable que nunca se nos agotó, que bramó constantemente, que fuimos soberbios y apasionados, que nuestra afinidad nunca llegó a su fin y que todo era tan inverosímil que nos daba miedo, porque algo como los que nos estaba pasando no podía ser real. Luego de aceptar su verosimilitud, aceptamos nuestra vida juntos y decidimos empezar, luchando juntos.

No puedo evitar que una lagrima se resbale por mi mejilla al pensar en todas estos gratos recuerdos que conservo a pesar de mi mala memoria pero algo si tenía bueno y es que era muy selectiva, cuando había una emoción muy fuerte, ella reaccionaba y a veces solo recordaba la emoción más no la situación o el evento, claro eso ya lo sabes tú, tu sí que tienes una memoria prodigiosa, espero que se encuentre en ese estado mucho tiempo más.

Para cuando leas esto ya habrá venido una enfermera con la inyección de la que tanto discutimos, entendí que no fuiste capaz, me moleste porque no entendí como podías ser tan cruel al no dejarme morir pero luego me puse en tus zapatos y comprendí que tenías razón, yo jamás podría haberte matado ni siquiera para que no siguieses sufriendo. Es algo innato en nuestro ser que rechaza hacerles daño a las personas que amamos. No, no podría haberlo hecho.

Te amé y te amo hasta el último suspiro que tenga de vida y si hay otra el sentimiento seguirá latente y creciendo como siempre ha sido, hasta el fin de los tiempos.

Fuentes

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Publicado en Literatura, Relatos.

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