Una carta para mi mejor amiga: Soledad

Esta carta va dirigida a una amiga que todos tenemos pero no muchos valoramos. A lo largo de nuestras vidas está presente en momentos de reflexión y gracias a ella brotan ideas, pensamientos, convirtiéndolos en futuras ideas o solo un instante de introspección.

Corriendo por una plaza o encerrado en cuatro paredes, dirigiendo nuestra vista hacia el techo, cavilando y esperando ese dichoso instante en donde la sinapsis de nuestro cerebro nos llena de un fulgor inconmensurable que para los científicos y pensadores puede llamarse Eureka, para otros iluminación y para otros tantos puede llegar a ser una maldición.

¿Por qué han de alejarse de ti como si fueses el resultado de algo abyecto? Sin ti, el mundo de las ideas se acabaría y con ello todo el combustible de pensamientos fugaces, que de no atraparlos no habría nada fructífero en nuestras vidas, solo vivir por vivir como meros autómatas.

El ser humano se jacta de ser una especie social, desdeñándote como un trapo sucio o algo indeseable, pero los que te valoramos sabemos que gracias a ti, nos conocemos más, gracias a ti podemos tener un pensamiento crítico para con nosotros mismos y para con el entorno que nos rodea. Arthur Schopenhauer te conocía muy bien, te admiraba y siempre te dio el lugar que te merecías en su propia vida.

¿Qué sería de los escritores y artistas sin tu existencia? Tú no representas vacuidad, tu simbolizas la llama del pensamiento y reconfortas en momentos duros y te agradezco por estar conmigo en aquellos tiempos, evitando la cólera y la ira, esas que son nuestras principales enemigas.

Me visualizo rodeado de una naturaleza silenciosa pero no opresiva, todo lo contrario, porque me das libertad y llenas mi espíritu. ¿Por qué habría que temerte? Todos necesitamos de ti en determinados momentos, agradeciendo tu esperada llegada, porque de esa manera tenemos resiliencia, temple y valor.

Conocernos a nosotros mismos es otra de tus facultades o bendiciones, pensando en esos momentos soluciones brillantes o cuestionamientos implacables. Esos minutos, horas o días a tu lado son de valiosa importancia para forjar nuestro carácter y educarnos contigo puede ser la mayor de las virtudes, así como decía otro personaje que te conocía muy bien “La valía de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar”. Si, hablo de Nietzsche y hablo de su compañera la soledad.

A lo largo de la historia se ha comprobado muchas veces que tú proporcionas paz y libertad, que nos llenas de musas que revolotean a tu lado como mariposas danzando alrededor de un árbol, que llenas de agilidad a un pianista, que cargas de ideas y visiones a un escritor y que le quitas el velo de maya a los pintores permitiéndoles ver espectros de colores que los bastones de nuestros ojos no nos permiten.

Les das vida a nuestros pensamientos, los llenas de color, de ambiciones y de retos. Nos educas desde pequeños, gracias a tu hija la reflexión. Nos llenas de cuestionamientos pero también nos proporcionas las respuestas.

Gracias a ti, he vivido hermosos momentos junto a un libro, una película o una canción. No hay mejor manera de apreciar estas bellas artes que estando a tu lado, porque se aprecian los matices que el ruido y las voces de otros pueden opacar. Estando junto a ti se amplifican nuestros sentidos y se mejoran nuestras relaciones para con nosotros mismos.

La meditación es una fuerte aliada pero también la observación. Ser consciente del porque vivimos, para que vivimos y que somos gracias a los momentos que pasamos contigo es algo invaluable, así como el amor que se le da al ser amado.

Las cosas más valiosas de la vida irónicamente son gratis, el problema es que el humano con su constante deseo de materializar todo desvirtúa las verdaderas facultades de ser un ser humano. Pensar, reflexionar, apreciar, amar, todas ellas nos han sido dadas desde que nacemos, sin embargo la soledad a veces se busca con ansias, pero solo aquellos que verdaderamente saben apreciar a esta compañera.

¿Quién dijo que verdaderamente estamos solos? Yo cuando estoy contigo, veo personajes y paisajes, me cuestiono las ideas de otros y me doy respuestas a mí mismo, busco soluciones a mis problemas y cuando menos lo espero aparece la inspiración.

Son pocas las personas que nos ofrecen verdadera compañía, en cambio a ti te tenemos a nuestra completa disposición todo el día. Entonces, ¿Por qué evitarte? ¿Por qué apartarte de nuestro lado? Nos das buenos consejos y nos guías en momentos de inseguridad, nos das la fortaleza para enfrentar nuestros problemas, dándonos múltiples perspectivas. Esa ventaja de poder pensar en el futuro es sólo de humanos, adelantarnos y preguntándonos ¿Y si pasara esto…? ¿Y si…?

Cuantas veces no le he dado mil y un vueltas a un problema estando contigo, buscando constantemente una solución. Me has acompañado en momentos tristes y en momentos de dicha, me has hecho revivir hermosas escenas, como si de mi propia película se tratase, me has recordado canciones pegajosas y me has hecho sentir empatía por otros, colocándome en la piel de ellos.

A veces no hay que gritarle al mundo en momentos de agonía, ni compartir nuestras penas que la mayor parte del tiempo no quieren ser escuchadas. Solo hace falta estar junto a ti, arropados con la misma tela y fungiéndonos de pensamientos. Ahora que lo pienso y estando justo en este momento a tu lado ¡Qué bello es tu nombre! Pero más bello es lo que simboliza y lo que nos das.

También hay momentos en que puedes ser gélida e indiferente, como el espacio, oscuro y quieto, pero con esa independencia que nos das, la libertad y el silencio cobran vida de manera inexpugnable. Quizás de ti radique la raíz de la inmortalidad, porque muchas de las ideas provienen de ti y ellas no perecen.

Por todo lo que representas y todo lo que me has dado, esta carta que puede ser un simple tributo, te doy las gracias, gracias Soledad por acompañarme y regalarme preciosos instantes de vida.

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Publicado en Literatura, reflexión.

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