El precio de ser un soñador

El mundo necesita soñadores y el mundo necesita hacedores. Pero sobre todo, el mundo necesita soñadores que hacen. Sarah Ban Breathnach.

 Desde pequeño me interesaron temas como la cosmología y la astronomía, me sentía profundamente maravillado y abrumado por la infinitud del cosmos y lo insignificante que somos en comparación al Universo. Desde átomos hasta galaxias, el Universo nos ofrece una amplia variedad de cuerpos, fuerzas y energías que, con un equilibrio magistralmente ejecutado, componen este cosmos lleno de caos y  harmonía y si, sé que suena incoherente, pero justo en este instante hay millones de estrellas muriendo y convirtiéndose en agujeros negros que a su vez absorben toda materia e incluso luz que pase cerca suyo pero a la vez, está nuestro planeta tierra, con sus océanos y tierras fértiles, con su calor en hermosas zonas tropicales y con su nieve gélida y despampanante en zonas nórdicas, ofreciéndonos un amplio espectro de paisajes y zonas por conocer.

Dentro de esta abanico de lugares, está la vida, en este pequeño planeta azul que gira alrededor de una estrella corriente y aún más interesante, hay vida consciente de sí, que se hace preguntas y busca respuestas, que indaga más allá de sus sentidos, que se apasiona por lo desconocido, que indaga y se estudia a sí misma, que plasma ideas sin un valor pragmático, solo por placer, eso a lo cual llaman arte, que busca incesantemente el significado de su propia existencia y trata de darle un valor a una aparente vida fútil y sin sentido.

Sabiendo que estaremos más tiempo muertos que vivos, la vida se vuelve un concepto especial e interesante, pero solo tú le puedes dar un sentido y eso, es uno de los retos de cada ser humano que yace en este lugar, ese reto introspectivo, esa búsqueda de sí mismo que, al no hallarse, el espíritu en un estado vacuo, se desmorona, se pierde y nace la amargura y el desdén hacia la existencia.

Encontrarnos a nosotros mismos no suele ser tarea fácil, para muchos les tomará años, para otros desde su primer estado de consciencia reconocen lo que desean, pero incluso sabiendo que desean no alcanzan sus objetivos o no pueden darle sentido a su existencia.

Soñar no cuesta nada, pero hacer los sueños realidad, cuesta esfuerzo, dedicación, constancia y disciplina, horas de persistencia, de desvelo, de tiempo, de diversión sacrificada a una idea que de no ser ejecutada es como el viento llevándose un elegante escrito que otro podrá aprovechar. ¿Por qué claudicar? ¿Por qué no seguir luchando para hacer tangible ese sueño, esa meta, ese objetivo? Y los que digan lo contrario es porque son enanos mentales que no ven más allá de sus cuatro paredes.

 

Tener una visión está ligada a tener compromiso y dedicación, sin esos pilares se derrumba el edificio, se desmoronan las ideas como arena en tus manos. Arriesgarse es factor clave para romper ataduras y cánones preestablecidos, para derrumbar paradigmas que solo bloquean nuestro camino y ¡Que aburrida sería la vida sin esos baches! Los problemas están para ser resueltos.

La pasión y la vitalidad es el corazón de nuestras ideas, es el motor que hace que todos los engranajes funcionen como un sistema coherente y le dan vida, como nuestro corazón y  torrente sanguíneo hace con nuestros cuerpos. Allí es donde entran las horas de esfuerzo y vigilia para con nuestros proyectos, para con nuestros deseos que, sin temor ejecutamos muchas veces en solitario para no ser perturbados, porque la concentración es tal, que ofusca frecuentemente nuestra realidad. Esa es la actitud de un soñador decidido a enfrentarse consigo mismo y con la realidad desagradable que ve a su paso.

Somos insignificantes, lo sé, pero lo que también somos es capaces de alterar nuestras realidades y la raíz de eso es un simple pensamiento consistente en nuestras mentes, una semilla que perdura y que trasciende generaciones. Esa semilla puede convertirse de mano en mano, de consciencia a consciencia en una idea revolucionaria, en una obra única o en un edificio majestuoso y eso es porque el ser humano no tiene límites, solo es su decisión auto imponérselos, sacrificando una parte de su esencia con tal de llevarla en paz con una realidad absurda e insoportable.

El precio de ser un soñador

Una vez te levantaste después de una ardua jornada de trabajo, te ves en el espejo con amargura y te preguntas ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Justo en ese instante se despierta la pasión vehemente de cambiar el mundo, de ideas utópicas que revoletean en tu cabeza sin cesar y una verborrea de palabras se cruzan en tu mente, las sinapsis empiezan a dar un grito de alarma por lo acelerado de los pensamientos, de las ideas y de lo ambicioso de tus deseos.

Tu soñador incesante, que intentas cambiar el mundo, nunca te quedes en “intentaste”, porque eso supone un suicidio a las ideas y al mundo que una vez invocaste y que por frustración o por la desidia de otros la combustión de esa idea fue extinguida. Tu soñador incesante, que pasas horas en vigilia ejecutando planes para hacer realidad tus ideas, que sacrificas horas en familia, que pierdes amistades en el proceso, que tienes heridas de guerra por la traición de muchos que, al ver tus pasiones te miran con ojos de envidia. Tu soñador incesante, que aprovechas esas heridas como experiencia ganada, que muestras tu cara feroz y te paras ante la vida ofreciéndole tu más soberbia mirada, sabiendo que tienes todas las de perder, pero aun así prefieres vivir de pie siempre, nunca de rodillas. Nunca te rindas ante ti mismo, tú eres tu propio competidor y tú creas tu propia carrera.

Siempre habrá momentos difíciles siendo un soñador como la incomprensión, la burla, la envidia, te dirán excéntrico, fantasioso e incluso infantil, solo por pensar diferente. Te preguntarán ¿Por qué lees? ¿Por qué te gusta esa música? Y ¿Por qué quieres cambiar al mundo? Se reirán de tus ambiciones, porque no serán comprendidas, porque solo tú te adelantaste en el tiempo gracias a esa musa que te inspiro una idea revolucionaria. Pero al momento de la victoria, al momento deseado del cambio, todas esas heridas de guerra, todas esas horas de vigilia y esfuerzo se verán recompensadas con creces… Ese es el precio de ser un soñador.

Esto va dedicado a todas esas amistades soñadoras que trabajan incansablemente en cada uno de sus proyectos, en cada una de sus ideas y en definitiva en cada uno de sus mundos. Por citar algunos de ellos: @yaibak, @nairesc, @jimhutch, @migueldavidor, @marugy99, @nakary, @roelvi, @miguelvargas, @saikolola, @elfranz, @matuca, @guitartech, @ikasumanera, @jorgeddln, @bryangav, @osmy07, @yosuandoni, @chuckyfucky, mi hermano @danvel, la mujer a la que amo @all-right y mi gran amigo @nnnarvaez, el batman de la plataforma, el muchas veces incomprendido y el portavoz de muchos soñadores.

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